Participar en el proyecto de la Casa Prechistenka ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera. Desde el primer momento, supe que no se trataba de una obra cualquiera. Esta residencia, ubicada en una de las calles más emblemáticas de Moscú, exigía un nivel de detalle y excelencia que solo se logra cuando todos los involucrados comparten una misma visión.
Nuestra labor consistió en revestir prácticamente todas las salas con mármol, seleccionando cuidadosamente cada pieza para que se integrara armoniosamente con la arquitectura y el diseño interior. Cada estancia presentaba un desafío único: desde los tonos suaves y cálidos del salón principal hasta las texturas más audaces en los baños y zonas privadas.
Lo que más me impresionó fue la compenetración con el equipo de diseño y arquitectura. Cada decisión se tomaba en conjunto, valorando tanto la estética como la funcionalidad. El mármol no solo debía lucir espectacular, sino también adaptarse a las necesidades del día a día de los futuros habitantes.
Ver el resultado final, con cada veta y cada pulido en su lugar, fue profundamente gratificante. La Casa Prechistenka no solo es un ejemplo de lujo y elegancia, sino también un testimonio del poder de la colaboración y la pasión por el detalle.



















